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El acertijo de los libros

13 Septiembre 2018
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Los homenajes a los hombres de letras no están exentos de juegos. Si una de las bases de una buena narrativa es la creatividad, en las celebraciones que se prodigan los escritores, esa condición está presente. Por caso, Foucault, en “Las palabras y las cosas”, analiza un cuento de Borges para el inicio de su reconocido ensayo. Otros autores también han celebrado al autor de "El Aleph" con guiños, estratagemas y fraseos. De alguna manera, conmemorando a Borges, también agasajan a la literatura argentina.

Sin embargo, hay un homenaje a Jorge Luis Borges que, como le hubiese gustado al autor de “Ficciones”,  está cifrado. Como la letra de Dios en el oro de los tigres, la celebración está escondida. En este caso, en una biblioteca o, mejor, en el nombre de un bibliotecario.

Umberto Eco, en “El nombre de la rosa” imagina una abadía con una inmensa biblioteca -no infinita, solo inmensa-. Allí se alojan los libros que hablan de la risa. Son inexpugnables, ya que la risa es el único enemigo que vence al miedo y acaso a la culpa. El celador de esa biblioteca es Juan de Burgos. Es un hombre ciego, custodio de toda la literatura. Sus iniciales prefiguran la existencia de uno de los mayores escritores de la Historia, creador de bibliotecas y de eternos juegos literarios. Ese es el homenaje.