Educación
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El desafío de enseñar en el campo

Lili tiene 36 años como docente. Es la única maestra y la directora de una escuela de once alumnos, ubicada en el sudoeste bonaerense. Recorre a diario, kilómetros de tierra para poder dar clases.
8 Septiembre 2017

Con un entorno natural que contrapone la belleza del paisaje virgen a la rudeza del frío, los difíciles senderos de tierra y la soledad del campo, la vocación por enseñar y por aprender rinden en una pequeña y acogedora escuela rural. Allí, desde que fue creada, trabaja la señorita Lili. Es la directora y, también, la única maestra que años tras año, le enseña a un puñado de chicos de distintas edades.

En 1993, tras una feroz inundación, la Primaria 44 “Merceditas” debió mudarse de casa y fue instalada en su nuevo edificio de Agustín Gascón en el distrito de Adolfo Alsina, en el sudoeste bonaerense. Liliana Mok, que ya daba clase en la antigua sede desde 1988, se convirtió en la directora y única docente de un aula pluriaños, es decir donde asisten alumnos de 1° a 6°, integrados. Desde entonces, la escuela fue también su hogar. Allí estudió su único hijo, sus sobrinos, sus vecinos y otros niños que luego fueron adultos y enviaron a sus hijos.

La historia personal de la señorita Lili se encuentra profundamente vinculada con la educación rural ya que siempre vivió en el campo y también asistió a una escuela de estas características. Para poder hacer el secundario y, luego, el magisterio, debió trasladarse a la ciudad. De lunes a viernes vivía en la casa de una tía lo que le permitía asistir a sus clases. Para ella fueron años muy difíciles, pero apenas se recibió logró volver a su casa y comenzar a enseñar en distintas escuelas de la zona.

Los 36 años que lleva trabajando como maestra los vivió en medio de los campos cultivados de trigo, avena y maíz. Todos los días recorre en su automóvil los 8 kilómetros de tierra que separan su casa de su escuela que, además, cuenta con profesores de música, inglés y educación física.

La escuela articula con el Jardín de Infantes que está emplazado en la misma manzana y con quien también llevan a cabo distintas tareas de intercambio para que los chicos puedan tener un espacio de contención permanente.

Los once alumnos que actualmente asisten a la Primaria 44 pertenecen a distintos años, pero todos comparten el mismo aula y a la misma señorita Lili. “El tema que doy es el mismo para todos, pero cambia la profundidad según la edad de los chicos. Es un trabajo personalizado”, explica la maestra.

Así, en las horas de clase, la docente debe repartirse entre las necesidades de sus alumnos, a quienes tuvo los años anteriores y a quienes, verá partir cuando lleguen a sexto año. “El aula es un espacio de encuentro donde hay confianza y alegría”, asegura Lili.

La relación que se crea con ellos es profunda y es para toda la vida porque Lili es quien acompaña todo el recorrido escolar de estos niños. Algo similar ocurre con el resto de la comunidad educativa como los padres, auxiliares y vecinos del lugar, quienes también se involucran profundamente con la noble tarea de que los chicos aprendan.

Por eso, cada año, la despedida de cada alumno que egresa es una fiesta, pero para la maestra es ver partir a un nuevo hijo.

“Los chicos no quieren que me jubile. Me dicen: esperá que yo termine sexto”, cuenta la docente, y asegura que siempre está contenta para sus alumnos. “Llego a la escuela y me olvido de todo el resto”.