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Educación y ambiente

 

Reseñas

Morin, Edgar, Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión.

Edgar Morin es considerado una de las figuras más prestigiosas del pensamiento contemporáneo, "un ciudadano y humanista planetario" como lo ha honrado recientemente la Unesco. La obra de este sociólogo y filósofo francés es uno de los intentos más consistentes de este siglo de pensar y describir la complejidad humana. Con la incorporación de la complejidad y su inserción en el conocimiento se recupera, por una parte, el mundo empírico, la incertidumbre, la incapacidad de alcanzar la certeza, de formular una ley eterna, de concebir un orden absoluto. Por otra parte, se asume la dificultad para evitar contradicciones lógicas en el avance de los conocimientos y la comprensión.

En octubre de 1996, por encargo de la Unesco, Morin expresa sus ideas sobre la educación para la construcción de un futuro viable en el contexto de su visión del pensamiento complejo, base filosófica con la que elaboró su documento Los siete saberes necesarios para la educación del futuro.

La estructura del libro esta planteada en capítulos que remiten a cada uno de los saberes:

- Capítulo I. Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión;

- Capítulo II. Los principios de un conocimiento pertinente;

- Capítulo III. Enseñanza de la condición humana;

- Capítulo IV. Enseñar la identidad terrenal;

- Capítulo V. Enfrentar las incertidumbres;

- Capítulo VI. Enseñar la comprensión;

- Capítulo VII. La ética del género humano.

No obstante, se pueden diferenciar dos núcleos conceptuales: uno referido al conocimiento, y otro, a las relaciones sociales. El primer núcleo lo componen los capítulos uno, dos y cinco. El primero, “Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión”, introduce la problemática del conocimiento como una construcción en donde es posible la existencia del error y la ilusión, generados a partir de formas culturales, sociales, esquemas de pensamiento, entre otras. Por ello, la educación del futuro debería posibilitar que los hombres y las mujeres fueran concientes de estas problemáticas.

En el [capítulo] cinco, el eje es la incertidumbre. El avance de las ciencias ha ayudado a construir certezas, pero al mismo tiempo ha incrementado las incertidumbres en diversos planos, consecuentemente se plantea como necesidad dotar a los sujetos de herramientas para poder sobrellevar esta situación.

En “Los principios de un conocimiento pertinente” se formula el interrogante “¿cómo lograr el acceso a la información sobre el mundo y cómo lograr la posibilidad de articularla y organizarla?” (p. 35). Así, una vez establecidas las dificultades para conocer, se orienta a articular qué aspecto del conocimiento es pertinente en un mundo globalizado. En este sentido, se detiene a considerar la fragmentación de las disciplinas frente a un mundo que se va complejizando y para lo cual se requiere de una mente preparada para trabajar en diversos planos y con problemas globales.

El segundo núcleo, donde la preocupación es más relacional, tiene como objetivo pensar la condición humana en diferentes ámbitos. Así, se parte de pensar al ser humano como unidad compleja, contextualizada y con base relacional, eje de “Enseñar la condición humana”. Esta preocupación por la condición humana involucra “[…] el destino planetario del género humano” (p. 16), motivo del capítulo cuarto, en tanto los desarrollos tecnológicos han devastado grandes áreas y grupos culturales. En consecuencia, el objetivo será generar conciencia y solidaridad sobre los riesgos de la humanidad.

“Enseñar la comprensión”, capítulo sexto, continúa los planteamientos de los capítulos anteriores pero hace hincapié en la necesidad de mejorar la comunicación y la comprensión humana a pesar de la existencia de medios de comunicación que mantienen al mundo interconectado.

A modo de conclusión, el último capítulo está dedicado a “La ética del género humano”. Pensando en el eje individuo-sociedad-especie, el autor considera fundamental que la ética de la educación del futuro tenga en cuenta la comprensión, la solidaridad y la comunicación, para fortalecer la democracia y la comunidad planetaria.

Finalmente, en un tono y objetivos claramente humanistas, el autor presenta los saberes que deben ser contemplados en la educación del futuro en función de la educación del sujeto principalmente como ser humano. Este sea quizás el verdadero eje: formar seres humanos que sean capaces de convivir en armonía entre sí y con el planeta.