“La primera experiencia fue más de lo que esperábamos”

“La primera experiencia fue más de lo que esperábamos”

La directora de Educación Secundaria y las coordinadoras de los equipos de acompañamiento de las Escuelas Promotoras hicieron un balance sobre el primer año que se implementó el programa que promueve un nuevo formato de enseñanza y aprendizaje.
8 Abril, 2019

El año 2018 fue el punto de partida para las trescientas instituciones que participaron en el programa de Escuelas Promotoras. “Hay escuelas que se animaron de entrada a ésto, y otras que empezaron a ver este movimiento, e inspectores que empezaron a convencerse de que era válido. Para este 2019 tenemos 900 solicitudes para incorporarse; que no vamos a poder absorber totalmente. Y cuando una escuela se postula es porque tiene una experiencia de alguna escuela cercana o de algún profesor que trabaja en alguna”, dice Carla Cecchi, la directora de Educación Secundaria. “Nosotros confiábamos en esto del contagio, aunque no se vieran los logros académicos al principio, en el entusiasmo de los profesores y los estudiantes” agrega Cecchi. Durante una charla extensa, la funcionaria y las coordinadoras del equipo técnico que acompañó a las instituciones en el territorio, Fabiana Guzzini y Alejandra Pataro, hicieron un balance de la primera etapa y proyectaron los desafíos que se abren ante este ciclo lectivo.

-¿Cuáles son las primeras reflexiones que surgen de la primera experiencia de las Escuelas Promotoras?

Carla Cecchi: A diferencia de muchos otros programas, las Escuelas Promotoras tuvieron parámetros de inicio que permitieron medir desde el primer día el progreso o la evolución de los aprendizajes. Aunque recién ahora se estarán procesando las cifras definitivas del año pasado, hay algunos indicadores preliminares. En términos de abandono sabemos que se mejoró mucho, aunque aún no podemos dar un número definitivo.

En cuanto a los aprendizajes, nos manejamos con los informes de calificación. En promedio, las materias aprobadas en el primer trimestre de 2018 fueron unos cuatro puntos superiores respecto de los resultados del mismo trimestre de 2017. Y además, el segundo trimestre de 2018 subió un 5% respecto del primero, frente a un descenso del segundo trimestre del 2017 respecto del primero. Es decir, en 2017 los chicos de un mismo primer año bajaron las calificaciones del primero al segundo trimestre, mientras que en 2018 las subieron. Ese primer indicador nos resulta muy valioso.

Por otro lado, al principio y al final del ciclo lectivo la Gobernación hizo una evaluación de impacto con cincuenta Escuelas Promotoras de las 300 de gestión estatal, y cincuenta que no tenían el programa. Fueron pruebas de Prácticas del Lenguaje y de Matemáticas que se realizaron en abril y en diciembre. En abril los resultados fueron muy parejos en ambos universos, pero en noviembre, sobre todo en Matemáticas, las Escuelas Promotoras mejoraron en más de siete puntos.

-¿Y cuáles son los factores a los que atribuyen esa mejoría?

Alejandra Pataro: Uno después puede ponerse a buscar los motivos de esa aparente mejora: nosotros tenemos algunas hipótesis. Nos parece muy importante que se haya podido instalar en las escuelas un horario de trabajo compartido entre los profesores para pensar la enseñanza: las reuniones MIP (Módulos Institucionales para Trabajo Pedagógico). Fue muy difícil instalarla, y todavía hay que hacer correcciones, pero quedó planteada la idea de que para enseñar hay que pensar estrategias de enseñanza compartidas. Por eso, también pensamos que la metodología de trabajo de ‘saberes integrados’ pudo tener incidencia. Y por último la figura del PAT (Profesor Acompañante de Trayectoria), que es innovadora en algún aspecto, porque centra la atención en la trayectoria de cada estudiante.

Fabiana Guzzini: Desde que la secundaria es obligatoria, en muchos ámbitos nacionales y provinciales se viene pensando cómo mejorarla, porque cuando últimamente hemos puesto el foco en los indicadores, no vienen siendo buenos. Yo creo que las Escuelas Promotoras se instalaron como política de Estado. Porque no solamente importa lo que pasa en ellas; en el resto de las escuelas se sabe cuál es Promotora, cuál tiene horas MIP. El acompañamiento desde la Dirección también estuvo muy presente.

-Más allá de la evaluación interna que hacen, cuantitativa y cualitativa, ¿cuál es la respuesta que reciben en el territorio?

Cecchi: Yo creo que hay dos puntos centrales: uno es la alta valoración del PAT, en su doble rol vincular y curricular; y el otro ese espacio de encuentro entre profesores que permitió, entre otras cosas, la planificación de los proyectos interdisciplinarios y la evaluación colegiada. Éstos son los ejes que se visualizaron como más positivos y más potentes al momento de mejorar los aprendizajes.

-¿Cuál es la evaluación que hacen de la implementación pedagógica de los ‘Proyectos Integrados’?

Carla: El hecho de que haya varios profesores aportando distintas miradas a un mismo problema o producto a terminar, desde distintas disciplinas, permitió que los aprendizajes fueran más significativos, que tuvieran otro sentido para los chicos. Era ver cada materia, no como un aprendizaje en sí mismo, sino resolver un problema que fue iniciado en otra materia. Genera mejores aprendizajes, y también creemos que tiene que ver con un menor ausentismo. Más allá de que logra que los docentes empiecen a unificar criterios, cosa que antes no sucedía.

Guzzini: Lo que logramos es que no solamente se valoren los contenidos, donde muchos profes ponen casi todo el énfasis, sino también las capacidades. Que el chico pueda aprender los contenidos a través del desarrollo de diferentes capacidades, como es aprender autónomamente, de pensar críticamente y aprender con otros. Éso descontracturó bastante a los profesores. Muchas veces se evalúa según la cantidad de contenido aprendido. Y acá se evalúa también el modo en que lo aprendió.

Pataro: Los saberes integrados no sólo cambiaron la mirada de los docentes sobre los estudiantes, sino también la mirada sobre su propia enseñanza y sus propias prácticas.

-¿Cómo resultó la articulación con el territorio: el vínculo de las parejas pedagógicas con directores e inspectores?

Pataro: El otro día decíamos que los PAT son a los estudiantes lo que el equipo de acompañamiento fue a las escuelas. Hubo distintos avatares que hicieron compleja la situación, porque la parte administrativa fue engorrosa. Pero aun así, poder acompañarlos, ver las acciones que se iban trabajando, fue un compromiso asumido más allá de la retribución económica.

Guzzini: Nosotros teníamos 16 parejas pedagógicas como equipo de acompañamiento. Hubo diferentes estilos (todos del área de la educación, pedagogos), pero todas encontraron vías de socializar información, hasta por grupos de Whatsapp, y eso fue completamente valorado en el territorio.

-¿Cuáles son las metas que no se alcanzaron y se intentarán lograr este año?

Cecchi: No sé si hubo cosas que se podrían haber hecho mejor; sí sé que hay cosas que van a mejorar. Este primer año hubo que aprender mucho, sobre todo desde la implementación que tuvo que ver con los circuitos, y eso tiene que mejorar obligatoriamente. Pero además, el grupo de docentes que se reunió semanalmente a acordar criterios el año pasado, tiene ya un enorme camino recorrido que va a hacer valer desde el principio. Entiendo que ese primer año fue lo que pudo ser, y que fue bueno, pero que el año que viene se va a montar sobre el aprendizaje del anterior y tiene obligatoriamente que ser mejor.

Lo que aprendieron puedan volcarlo en otras escuelas del distrito. Nos gustaría hacer más encuentros como el que hicimos en Chapadmalal, para que los chicos puedan contar su experiencia y mostrar sus proyectos. Pero en líneas generales estamos conformes, creo que fue más de lo que esperábamos en cuanto a resultados. En Educación, como en cualquier aspecto social, los cambios son lentos, y la verdad es que acá algunos se dieron muy rápido.