Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología
Dirección Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente
POLÍTICAS PARA LA FORMACIÓN
Y EL DESARROLLO PROFESIONAL DOCENTE
Agosto de 2004
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Página |
Presentación |
2 |
Fundamentos |
2 |
A. Una política para la educación superior no universitaria: prioridades y perspectivas |
5 |
Desarrollo del sistema de Educación Superior No Universitaria |
5 |
La formación superior no universitaria y las políticas de juventud |
6 |
Democratización del acceso a la formación continua |
7 |
B. Políticas para la formación docente |
7 |
La formación docente como parte de la Educación Superior |
9 |
La docencia y su vínculo con la cultura y la sociedad contemporáneas |
9 |
La articulación de la formación docente con las necesidades y losproblemas actuales y futuros del sistema educativo |
10 |
B.1. Plan nacional para la formación docente:lineamientos programáticos |
11 |
Propuestas curriculares y organización de las instituciones deformación docente |
11 |
Fortalecimiento de los equipos técnicos provinciales |
12 |
Apertura y consolidación de los IFD como centros locales de desarrollo cultural y comunitario |
12 |
Profundización de los vínculos de la formación docente con las necesidades y los problemas educativos de sus zonas de influencia |
13 |
Procesos de acreditación de las instituciones |
13 |
B.2. Programa de renovación pedagógica en institutos de formacióndocente |
14 |
La revisión de perspectivas curriculares en la formación |
15 |
Los sujetos de la formación |
15 |
Aportes para el desarrollo institucional |
17 |
C. Políticas para el desarrollo profesional docente |
18 |
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C. 1. Lineamientos programáticos para una política de desarrollo profesional docente |
20 |
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C. 2. Plan de trabajo para el área de desarrollo profesional docente |
22 |
La propuesta que se desarrolla en este documento procura presentar la política nacional para el sistema de formación superior no universitario, en particular en lo referido a la formación inicial y el desarrollo profesional de los docentes. Si bien las consideraciones específicas respecto de la educación técnica superior no universitaria serán objeto de un tratamiento particular en otro documento, las orientaciones referidas a la formación de maestros y profesores se enmarcan en un planteo integral del nivel superior no universitario[1].
El
Este documento se inicia con una presentación de la política para
la educación superior no universitaria, en el marco del desarrollo de la
Educación Superior; en segundo lugar plantea los lineamientos de política para
la formación docente para el ciclo 2004- 2007 y, finalmente, formula las
políticas para el desarrollo profesional docente para el mismo período. Cabe
destacar que el proceso de elaboración de esta propuesta ha sido realizado en el
marco del diálogo y la consulta con las jurisdicciones provinciales, cuyo aporte
ha resultado indispensable para enriquecerla y al mismo tiempo fortalecer su
viabilidad.
Las líneas de acción nacionales que aquí se enuncian se sumarán al sostenimiento y el apoyo técnico y financiero de proyectos locales que responden a necesidades específicas del desarrollo educativo en cada una de las provincias.
Entre las políticas asumidas por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, la Educación Superior No Universitaria tiene un lugar protagónico. La educación de la población necesariamente contribuye al desarrollo de las personas y de las comunidades en sus distintas dimensiones: cultural, política, económica y social. Apostamos a que la educación –una de cuyas principales funciones en nuestras sociedades es formar para la ciudadanía en una incipiente democracia y para la participación en un mercado productivo cada vez más complejo-, sea considerada un ámbito privilegiado para promover el cambio hacia la construcción de una sociedad más justa. En este sentido, es responsabilidad indelegable del Estado orientar el destino de la educación y dar respuesta al interés y la necesidad de los jóvenes por continuar estudios superiores y su formación.
En particular, la Educación Superior No Universitaria en nuestro país presenta como rasgo el carácter instrumental y práctico de la formación que otorga[2], que se ha configurado a través de un sistema con dos orientaciones principales: docente y técnica[3].
En el caso de la formación docente continua, se recortan dos ámbitos diferenciados: la formación inicial o de grado, y la formación dirigida a la capacitación, el perfeccionamiento y el desarrollo profesional docente. Emergentes de períodos históricos diferentes que les otorgan matrices propias en su configuración y dinámica, ambas instancias comparten la tarea de dotar a maestros y profesores de herramientas para la acción educativa. Al mismo tiempo, se conciben para momentos distintos de la biografía profesional y tienen características institucionales diferenciadas. Si la formación inicial se caracteriza por un grado importante de institucionalización, la flexibilidad es el rasgo que distingue la oferta para el desarrollo profesional, aún cuando frecuentemente las dos instancias se localicen en las mismas instituciones. En ambos casos, los procesos de creación de propuestas formativas obedecieron a menudo a demandas coyunturales, que configuraron una oferta fragmentada y poco sistemática. En este sentido, concebir una política integrada para el nivel superior no universitario requiere partir de una lectura común del escenario educativo, para prever acciones que integren la formación y la capacitación y, al mismo tiempo, conserven la especificidad de cada una.
Una mirada sobre el crecimiento de la matrícula en las instituciones de Educación Superior No Universitaria permite explicarla tanto desde las búsquedas laborales de la población, como por las inquietudes de los jóvenes relacionadas con el desarrollo cultural y el arraigo local[4]. No obstante, en muchos casos esta expansión no se ha visto acompañada por un planeamiento estratégico en relación con el desarrollo productivo, cultural y educativo. Esto se visualiza tanto en la formación docente como en la educación técnica, aunque de modo diferenciado.
La ampliación de la matrícula en la formación docente representa un factor de doble presión para el sistema educativo: por una parte, incide en el crecimiento de la propia formación, al tiempo que influye en la cantidad de nuevos egresados de la formación docente que, año a año, buscan integrarse al sistema educativo[5]. Por otra parte, este crecimiento del sector genera crecientes demandas de capacitación.
En el marco de las perspectivas y prioridades que se nos presentan para la Educación Superior, la formación de los docentes cobra particular relevancia, dado su lugar estratégico en el proceso de construir una mejor escuela y de contribuir al desarrollo educativo. En este sentido, creemos necesario impulsar y sostener las instituciones que forman a nuestros docentes, así como garantizarles el acceso a nuevos saberes y alternativas de formación y desarrollo profesional a quienes hoy están en ejercicio.
En lo que respecta a la modalidad de educación técnica, el proceso de expansión y diversificación también ha sido desordenado, con escasa planificación, y con carencia de lineamientos estratégicos básicos para el desarrollo institucional y curricular. Tradicionalmente, en las proposiciones sobre el nivel se ha enfatizado su papel en el desarrollo de carreras que favorezcan la inserción laboral, sus potencialidades y necesidades de articulación con el sistema universitario, y su adecuación a los requerimientos socio-económicos regionales y locales. Actualmente, parece preciso formular la cuestión en un contexto más amplio y complejo para la discusión y concertación con los diversos actores, empezando por abordar el sentido y papel de la Educación Superior Técnica No Universitaria dentro de las políticas de desarrollo nacional, provincial y local, en el marco de una concepción integrada de Educación Superior No Universitaria (ESNU).
Actualmente la ESNU se compone de 1.920 unidades educativas distribuidas en todo el país[6]. Paralelamente es necesario considerar a los 1.171 organismos registrados en la Red Federal de Formación Docente Continua que ofrecen capacitación docente[7]. En este contexto se encuentran instituciones que ofrecen carreras de formación exclusivamente docente o exclusivamente técnica, o que combinan ambas formaciones, además de las instituciones que ofrecen sólo formación permanente tales como asociaciones profesionales, ONGs y sindicatos, entre otros. Por otra parte, las Universidades públicas y privadas también ofrecen carreras de grado que forman docentes, cuyos títulos habilitan para el desempeño profesional. En el año 2002 se registraron treinta Universidades públicas y quince Universidades privadas que contaban con carreras de grado de formación docente[8].
Se trata entonces de un escenario sumamente heterogéneo y fragmentado. Luego de una década de gestión descentralizada de servicios educativos, existen situaciones muy diferentes en las distintas provincias, así como al interior de cada jurisdicción. Desde nuestra perspectiva, la política para el nivel deberá contemplar esta complejidad en sus distintas dimensiones, buscando construir unidad sin uniformidad, y consolidando el papel del Estado Nacional como garante de condiciones de igualdad educativa para la totalidad del sistema. Esta voluntad política procurará respetar y fortalecer la capacidad de las Provincias para el desarrollo de sus políticas educativas provinciales.
Asimismo y como punto de partida, queremos reconocer la potencialidad que tienen las instituciones de nivel superior no universitario, en tanto subsistema de vasta trayectoria y extensión en el conjunto del país. Nuestra propuesta de trabajo contempla que todas las instituciones tienen encomendado un importante trabajo pedagógico a realizar, que requiere encarar transformaciones que les permitan integrarse proactivamente en el mejoramiento de los sistemas educativos que atienden y de los cuales son parte fundamental.
Consideramos que, para diseñar y desarrollar una política educativa dirigida al nivel superior no universitario, es crucial tener presente la realidad de sus instituciones y los distintos actores implicados, sin cuya participación, cooperación y compromiso, cualquier propuesta resultará inviable. El involucramiento de los diversos actores y de las instituciones no sólo constituye una condición para el desarrollo de una propuesta efectiva; es también un objetivo político que hoy se presenta para el Estado, en momentos en que se percibe la iniciativa de construir un proyecto de país inclusivo, que contemple una perspectiva de largo plazo.
El desarrollo del sistema de Educación Superior no Universitaria se inscribe en un concepto de educación permanente, orientado a la creación de oportunidades equitativas de educación e inserción laboral. La potencialidad transformadora de las instituciones educativas del nivel superior no universitario puede ser desplegada concibiéndolas como espacios de articulación local y como agentes de creciente protagonismo en las regiones, siendo las mismas enclaves que contribuyan a la dinamización cultural y al desarrollo productivo regional. En este sentido, se procurará que las políticas para este nivel asuman una orientación fuertemente proactiva. Por ello se desarrollarán propuestas para la diversificación y el análisis de alternativas de formación y generación de nuevas carreras ligadas a la intervención para el desarrollo local y comunitario. Esta orientación procurará abordar a la educación superior en su conjunto más allá de las modalidades que hoy estructuran al sistema de Educación Superior No Universitaria[9].
Una dimensión central para la formulación de políticas para la Educación Superior No Universitaria es su vinculación con los procesos de desarrollo local. En tal sentido, será preciso tener en cuenta la diversidad de situaciones regionales y locales en las que se insertan las instituciones. Las heterogéneas realidades socio-productivas del país y de cada una de las jurisdicciones, plantean la necesidad de diversificar los criterios y las herramientas para la formulación de líneas de acción nacionales según situaciones y contextos específicos.
Desde el punto de vista institucional, el Ministerio Nacional y las provincias propiciarán acciones que favorezcan vínculos fluidos con instituciones de otros niveles del sistema educativo, esto es, con la Escuela secundaria/ Polimodal, con las Universidades y con la formación profesional y de adultos. Estos vínculos abarcarán tanto las articulaciones y puentes entre un nivel y otro, como el tratamiento de problemáticas compartidas. En el caso de las instituciones orientadas a la formación técnica superior, las empresas, los sindicatos y las organizaciones ligadas al desarrollo productivo y cultural, constituirán además instancias de articulación fundamentales. En este sentido, los CPRES constituyen una instancia clave para generar acuerdos que potencien y generen avances en la planificación de la Educación Superior a nivel regional.
El desarrollo del sistema de Educación Superior No Universitaria se apoyará en el planeamiento estratégico, y en la mejora y el acompañamiento de las instituciones en el marco de una política integral para el nivel. Esta política deberá pensarse de manera articulada, contemplando la ampliación de las oportunidades y de las ofertas de formación.
La Educación Superior No Universitaria es uno de los ámbitos en los que se canalizan las inquietudes y aspiraciones de los jóvenes, no sólo en función de oportunidades laborales futuras, sino también en relación con el desarrollo cultural y el arraigo local. En muchos lugares, los institutos de formación superior no universitaria constituyen el punto terminal del sistema educativo local. Es por ello que las políticas de formación superior deberán articularse con líneas más globales de acción que, integradas en una política de juventud, den respuesta a las búsquedas laborales, culturales y sociales de los jóvenes.
Si bien es cierto que las carreras de nivel superior tienen una base de reclutamiento que no es excluyentemente juvenil, el desafío de formar a los jóvenes de nuestro país deberá rescatar la especificidad de esta franja de la sociedad[10]. Otorgar a la formación de los jóvenes un espíritu proactivo significa entender a la juventud y a las instituciones educativas que la albergan como agentes con un gran potencial transformador. Ello implica tanto el reconocimiento de las culturas juveniles en el marco de las estrategias pedagógico-institucionales de los institutos, como la necesidad de plantear la constitución de redes de articulación con otras instituciones y/u organizaciones que atienden a la juventud y/o en las que participan los jóvenes.
Las políticas para la Educación Superior No Universitaria deberán integrarse con líneas globales de acción que amplíen las alternativas de formación superior y que
- recuperen su sentido desde una orientación al futuro;
- respondan a las búsquedas y trayectorias de los jóvenes y adultos;
- faciliten alternativas de educación superior en sus localidades de origen;
- fortalezcan ciudadanías;
- proporcionen ámbitos de desarrollo cultural;
- generen nuevas posibilidades para el desarrollo social y productivo;
- contribuyan a construir capacidades para el desenvolvimiento de las instituciones y los actores locales
Proponemos la formulación y desarrollo de un Plan Nacional que involucre a la educación superior de manera integral. Esta integralidad se justifica en la medida en que este nivel, en sus diferentes modalidades, comparte problemáticas y desafíos generales y específicos. Se trata entonces de concentrar los esfuerzos de los estados nacional y provinciales a los fines de ofrecer alternativas de educación superior que procuren ampliar las oportunidades de inserción laboral y social para la población. Una concepción integral de la educación superior abarcará las funciones actuales y potenciales de este nivel educativo. Asimismo, el Plan Nacional implica proyectar una política de largo plazo que demanda fuertes compromisos de los actores involucrados.
En los últimos años, se han generado procesos de oferta y demanda de capacitación docente, en los que el Estado viene jugando un triple papel: impulsor de la formación continua como práctica, oferente de cursos y empleador que la requiere. En este período hemos asistido a un crecimiento inédito de propuestas de capacitación en los ámbitos público y privado caracterizado por la heterogeneidad de propósitos, formatos, alcance y calidad.
Factores como la crisis laboral general -que lleva a profesionales de perfiles variados a incorporarse a la enseñanza-, la escasa renovación generacional en la profesión docente y las posibilidades de obtener un puesto de trabajo con relativa estabilidad, entre otros, contribuyen a intensificar los procesos de búsqueda de credenciales formativas. Frente a este estado de situación, resulta imprescindible sostener la capacitación gratuita como obligación del Estado hacia el sistema público de educación, que haga posible a maestros y profesores no destinar parte de su salario a su formación de postítulo.
A pesar de que se ha sostenido que la capacitación no ha conseguido innovar las prácticas cotidianas, parece por el contrario haber sido eficaz como estrategia de regulación[11] profesional, lo que explica el enorme crecimiento de la oferta de instancias de capacitación.
Cabe esperar que estos procesos afecten de modo similar a la formación continua. Esta situación ha generado un cierto credencialismo como motor de la demanda de formación permanente, lo que encierra enormes desafíos a la hora de desarrollar políticas para el área. En este sentido, la formación plantea el mismo requerimiento que tanto se ha sostenido para los diferentes niveles del sistema educativo: la democratización implica no solo asegurar el acceso sino también la calidad de las propuestas formativas. No parece haber otro modo de revertir la tendencia al credencialismo que concentrar esfuerzos para que las propuestas de formación permanente consigan alterar esa lógica por la vía de su potencia y productividad. Es preciso que los proyectos de capacitación interpelen a los docentes en términos de las condiciones reales de las escuelas y de sus actores, retomen los problemas que interfieren en la posibilidad de educar y recuperen experiencias para transformarlas en pensamiento productivo.
Entre las políticas asumidas por el Ministerio de Educación de la Nación, la formación de los docentes es un objetivo prioritario. En distintos actores sociales se ha instalado con fuerza la demanda por una transformación de la docencia y de su formación, en la medida en que constituye un aspecto clave para el cambio educativo. Consideramos que las intervenciones en este campo son críticas. Hablar sobre la formación docente es posicionarse en el futuro del futuro; es pensar en la educación de las generaciones venideras, mirar el destino de nuestros jóvenes y del país. Significa abordar un nivel del sistema educativo que presenta la doble condición de abarcar una serie de instituciones que forman a su vez para el mismo sistema.
La formación docente en la Argentina tiene una extensa trayectoria y ha constituido un aporte importante en la expansión y la producción pedagógica del sistema educativo nacional[12]. Desde la creación de las Escuelas Normales y los Institutos Superiores hasta este tiempo, han transcurrido múltiples procesos que procuraron de diferentes maneras modificar la formación. En esta historia pueden identificarse experiencias que tuvieron diferentes intenciones a la base, e intensidades variadas en sus efectos, pero que, sin dudas, dejaron huellas que hoy perviven en las instituciones, en los sistemas educativos provinciales y en sus actores. Procuramos que la formulación y el desarrollo de políticas en este subsistema parta del reconocimiento de estos antecedentes, en tanto constituyen el suelo en el que se inscriben las propuestas sobre el sistema formador.
Este reconocimiento permite advertir las formas yuxtapuestas y combinadas que hoy perviven en las instituciones formadoras. La impronta del normalismo, las iniciativas de algunas provincias para el cambio curricular a fines de los años 80 e inicios de los 90, la experiencia del MEB, la presencia del PTFD, la Reforma Educativa de la década del 90 y la conformación de Polos de Desarrollo en los años 2000- 2001[13], constituyen las políticas nacionales cuyos rastros hoy se reconocen sedimentados de maneras diversas en las instituciones y en el subsistema formador.
Tal vez una de las herencias más críticas que presenta la formación docente es que, luego de la descentralización, es difícil reconocer un sistema que preserve una matriz nacional y común, dada la creciente dispersión que abonó a que se consolidaran sistemas provinciales de formación de docentes que hoy presentan escasos aspectos comunes, que los liguen como tales. En este marco, es preciso considerar los efectos producidos por los procesos desarrollados durante la última década en relación con la acreditación institucional, la validación nacional de títulos y el trabajo en torno a los diseños curriculares de la formación docente. Si bien éstos son aspectos que exigen ser considerados en el conjunto de las políticas, los mismos no agotan las problemáticas que deberán abordar el Ministerio Nacional, las Provincias y las instituciones.
Reconociendo estos puntos de partida, la política nacional para la formación docente considerará las siguientes orientaciones estratégicas, que constituyen los ejes alrededor de los cuales se promoverá el trabajo conjunto de los distintos actores implicados en la formación de los futuros docentes.
Considerar la formación docente como parte de la Educación Superior significa otorgarle un carácter específico dentro del sistema –por el sujeto que es su destinatario y por su particular inscripción en el entramado social-, y asumir ciertas orientaciones de política.
Tal como ya fue señalado, la formación docente es un ámbito que canaliza inquietudes, aspiraciones y compromisos de los jóvenes en su vínculo con la sociedad y la cultura a la que pertenecen, y de cuya construcción son futuros responsables.
Dada la fragmentación y las brechas sociales y culturales que hoy imperan, la formación de los docentes puede constituir uno de los ámbitos con mayor potencial para intervenir en la regeneración de los lazos. Sin embargo, un rasgo predominante del nivel ha sido la debilidad de sus vínculos con la comunidad y con sus contextos sociales concretos. Es preciso establecer políticas que tiendan puentes entre los Institutos de Formación Docente, sus localidades y otros entornos, con el objeto de superar el aislamiento en el que se encuentran muchas instituciones y rescatar al mismo tiempo su potencial poder transformador.
Redefinir la formación docente en estos términos implica otorgar jerarquía específica a sus instituciones y reconocer su importancia social, en tanto organizaciones responsables de impartir formación a quienes tendrán a su cargo la distribución del capital cultural en nuestra sociedad. La intervención en los procesos sustantivos de la formación docente debe tener como uno de sus objetivos la promoción de una diversidad de espacios, experiencias y recursos en las trayectorias formativas de los jóvenes que ingresarán en la docencia. Asimismo, atender a su especificidad y relevancia exige activar una reconfiguración en la gramática institucional que hoy otorga rasgos y características escolares a los Institutos de Formación Docente.
Las instituciones y las formas que ha adquirido la formación docente en los IFD son fruto de una extensa historia, y de un conjunto de políticas y experiencias que en ellos se han desarrollado. Cabe reconocer tradiciones y problemas diferentes entre aquellos institutos que se centraron prioritariamente en la formación de maestros, y aquellos que en sus orígenes tuvieron el mandato de formar profesores para la educación secundaria. Estas tradiciones y necesidades diferentes, deben ser consideradas de modo específico y diferenciado en la formulación de políticas para la formación docente.
El lugar de la escuela como institución social y la posición de los docentes como agentes de la transmisión y recreación de la cultura exige resituar la tarea educativa en el marco de los problemas y reflexiones que atraviesan nuestra sociedad contemporánea. En este sentido, se hace preciso promover el vínculo de los futuros docentes con los saberes producidos en tiempos recientes, así como fortalecer su capacidad para operar sobre ellos generando compromisos, responsabilidades y nuevos interrogantes.
La preocupación por la relación de los educadores con el conocimiento, su producción, circulación y distribución social, exige la atención de los procesos sustantivos de la formación como eje central de una política de formación docente. Consideramos que es necesario promover debates e indagaciones en las instituciones de formación docente respecto de la tarea de enseñar, en relación con la posición de las escuelas ante las transformaciones actuales y el lugar de la transmisión cultural.
En esta misma perspectiva, se hace necesario dar carácter central a la reflexión sobre las diversas infancias y juventudes que habitan la Argentina. Las concepciones en torno a la infancia y la adolescencia fueron pilares importantes para la constitución de la pedagogía moderna y orientaron de modo homogeneizante la labor docente. Es prioritario reflexionar junto con maestros y profesores acerca de las transformaciones que han sufrido las clásicas formas de ser niño y joven en los últimos tiempos y las múltiples, complejas y distantes realidades que hoy las atraviesan.
El trabajo escolar se desarrolla en contextos cada vez más complejos. Históricamente, se han consolidado en el ámbito de la formación docente intenciones diferentes en relación con el lugar de las escuelas, sus sujetos y la tarea docente. Replantear en profundidad el trabajo de enseñar, el lugar de la escuela hoy y los sujetos de la formación exige considerar los vínculos que se establecen entre las instituciones que brindan formación de grado y ofrecen capacitación, con los puestos de trabajo en el sistema educativo y con las responsabilidades sociales que desempeñan los docentes. Entre ellas, cabe mencionar el compromiso que la escuela y sus docentes tienen con la construcción de una sociedad más justa.
La formación docente debe sostener, por tanto, un diálogo fluido con los sistemas de enseñanza, pensando cuáles son las áreas de vacancia, los aspectos que requieren más apoyo o que pueden abordarse de manera renovada, constituyéndose en “usina pedagógica” que plantee alternativas y nuevos interrogantes al sistema escolar. En este sentido, es preciso inscribir las experiencias de formación en el marco de los problemas y las necesidades actuales y futuras del sistema educativo en los contextos locales, a través de acciones concretas que posibiliten el diálogo y la articulación permanente entre las instituciones de formación docente y las escuelas, generando espacios de intercambio y propuestas de intervención comprometidas con el entorno social y cultural.
En este marco, el Ministerio Nacional y el Consejo Federal de Cultura y Educación pone en marcha un Plan Nacional para la Formación Docente (2004-2007) que involucra a la educación superior de manera integral, dada la imbricación entre actores e instituciones, y los efectos que las iniciativas adoptadas para cada sector puedan producir en el conjunto del subsistema.
El Plan se estructurará en dos niveles de intervención a través de los cuales se desarrollarán estrategias y líneas de acción específicas. Cada uno de dichos niveles reconocerá un volumen de trabajo diferente y abordará aspectos diferenciales de la formación.
El primer nivel involucrará el desarrollo de acciones a través del Plan Nacional para la Formación Docente y abarcará al conjunto del sistema formador en sus aspectos estructurales. El segundo nivel contemplará el Programa de Renovación Pedagógica en Institutos de Formación Docente, que concentrará sus acciones en 200 institutos del país, desarrollando un programa de trabajo de corte institucional y de alta intensidad en un número acotado de institutos.
En este nivel se abordarán aspectos estructurales del sistema formador, mediante la elaboración, por parte del Ministerio Nacional y el Consejo Federal de Cultura y Educación, de un conjunto de orientaciones para la organización y el desarrollo de propuestas en aspectos críticos y comunes de los procesos de formación identificados con las provincias. El Plan involucra estrategias para el conjunto de las instituciones de formación docente. El mismo contempla como forma de trabajo las instancias regionales y el vínculo entre provincias geográficamente distantes en tanto modalidad que permite el intercambio entre los diferentes actores. Apostamos a que el Ministerio Nacional viabilice este tipo de vínculos que tiendan a superar el aislamiento y el desconocimiento de las iniciativas en marcha o que resulta interesante impulsar. En este sentido, es también función del Ministerio Nacional promover estos espacios de enlace que faciliten la circulación de las iniciativas, balances y experiencias entre las provincias. En este marco se plantearán:
Se generarán estrategias para el análisis de las propuestas curriculares vigentes y los modos de organización de las instituciones en tanto aspectos críticos de los procesos de formación. Algunas estrategias serán las siguientes:
- Formulación de propuestas para la incorporación sistemática de perspectivas y contenidos ligados al desarrollo socio-cultural y a las transformaciones del mundo contemporáneo en la curricula de la formación docente.
- Sistematización de los documentos y propuestas curriculares para la formación docente y asistencia técnica a las Provincias e instituciones en la implementación de los nuevos diseños curriculares según ciclo, nivel o régimen para los que forman docentes[14].
- Revisión de antecedentes en las Provincias y formulación de propuestas para los talleres iniciales de ingreso de los aspirantes en las instituciones de formación docente.
- Elaboración de propuestas programáticas y cooperación técnica provincial y con las instituciones que asumen exclusivamente la función de capacitación. Esta iniciativa procura apoyar la diversificación de las formas de organización y las propuestas pedagógicas que desarrollan estas instituciones.
- Revisión de antecedentes provinciales y elaboración conjunta de propuestas para la organización de los sistemas de gobierno institucional y de acceso a los cargos docentes.
Con el objetivo de acompañar a las provincias en el fortalecimiento de sus equipos técnicos, se promoverán espacios de formación e intercambio sobre las políticas y la gestión de la Educación Superior No Universitaria.
Entre las líneas de acción se incluirán:
▪-
Seminarios
de formación en gestión de políticas educativas para los equipos provinciales
responsables de la educación superior no universitaria (ver: Políticas para el
Desarrollo Profesional Docente)
▪-
Cooperación
técnica entre los equipos nacionales y provinciales responsables de la formación
docente; documentación, análisis y difusión de experiencias de gestión.
- Encuentros regionales de carácter sistemático para el análisis y planteo de estrategias de trabajo en relación con los problemas de la formación docente a nivel regional.
La presencia de las instituciones de formación docente en las localidades representan espacios para el desarrollo cultural, en tanto puntos de encuentro que permiten, no sólo tomar contacto con el conjunto de problemáticas actuales en las que se inserta la labor docente, sino además incorporarlas a la formación de los jóvenes.
En esta dirección se llevarán a cabo
propuestas para la diversificación y el análisis de alternativas de formación y
generación de nuevas carreras ligadas a la intervención para el desarrollo local
y comunitario (tal como se mencionó en el punto
A)[15].A).[16]
Por otra parte, se acompañarán aquellas iniciativas que vinculen a los institutos con sus entornos, especialmente en relación con las necesidades de los sistemas educativos de sus regiones y localidades. En este marco se promoverán proyectos de acompañamiento a los egresados en sus primeros desempeños docentes, instancias y centros de consulta para los docentes novatos, propuestas de extensión sociocomunitaria, entre otros.
Finalmente, las provincias y sus IFD han avanzado de modo heterogéneo en plantear alternativas de formación pedagógica para la titulación de los profesionales no docentes que se desempeñan como idóneos en el sistema educativo. Dicha formación es, en algunos casos, una deuda aún pendiente, especialmente para los profesores de Polimodal, quienes representan el sector docente que concentra en mayor medida esta condición. En este sentido, se promoverán carreras específicas en los institutos para la titulación de los profesionales no docentes, tendiendo al fortalecimiento de su desempeño profesional.
Se consolidarán propuestas para ampliar los ámbitos de trabajo de los institutos, contribuyendo a la vinculación con las escuelas de sus localidades. Los institutos como enclaves para la dinamización educativa y cultural, podrán concretar tal aspiración si desde las políticas se crean espacios institucionales para impulsar esta tarea.
Para ello se acompañará a los equipos técnicos provinciales en el desarrollo de propuestas de trabajo, así como en la creación de bases normativas para la puesta en marcha de estas acciones. La vinculación con las escuelas a través de “Elegir la Docencia” y del “Programa Integral para la Igualdad Educativa” se enmarca también en esta estrategia. Esta propuesta constituye una de las formas de concretar las funciones de promoción y desarrollo, enmarcadas en la función de “Promoción, investigación y desarrollo” incluidas en el documento A- 14 del CFCyE.
Por otra parte, el “Programa de Mejoramiento de la Educación Media”, que incluye la vinculación de los IFD, las Universidades y las escuelas Medias y Polimodales, representa también una oportunidad para el desarrollo de proyectos a través de los cuales la educación superior contribuya con el trabajo pedagógico de las escuelas.
Frente a la experiencia de la acreditación desarrollada en los últimos años (que ha sido sin dudas muy heterogénea, y que ha dejado profundas marcas), es necesario efectuar una revisión de la política implementada y generar nuevas alternativas de acreditación para las instituciones de Nivel Superior. En el año 2003, sobre 1.195 IFD, el 53% ha completado su primera etapa de acreditación (con dictamen de acreditación plena el 41% y con reservas el 12% restante), mientras que el 2% obtuvo dictámenes de no acreditación y el 45% no ha completado aún el proceso. Esta situación, por su parte, responde a una amplia variedad de situaciones provinciales, en las que pueden observarse desde casos en los que el proceso de acreditación ha sido completado en la totalidad de los IFD hasta aquellos en los que el proceso sólo se ha iniciado formalmente.
En relación con la acreditación se propone:
a. Completar una primera instancia de acreditación en el marco de la normativa vigente, centrado en la oferta de la formación docente. Ante las diferencias entre las Provincias en cuanto al avance en los procesos de acreditación, durante el año 2004 el conjunto de ellas finalizará el proceso de acreditación de sus instituciones, en el marco de la Resolución N° 202/03 del CFCyE, a los fines de contar con un piso común que permita revisar el sistema vigente.
b. Reformular el sistema de acreditación de instituciones de Nivel Superior, dando cuenta del carácter integral que debe asumir el nivel superior no universitario en tanto subsistema. Para ello, durante el año 2005, se dará inicio a un proceso de consulta entre la Nación, las Provincias y las instituciones, con el fin de confeccionar un nuevo sistema de acreditación. Dicho sistema deberá adecuar parámetros, criterios y mecanismos de evaluación.
c. Apoyar la nueva propuesta de acreditación en un proyecto de fortalecimiento de las instituciones y en un planeamiento estratégico de la oferta. Se requiere desarrollar un proceso de trabajo con las Provincias y las instituciones de manera tal que la evaluación sea planteada como el punto de llegada, a posteriori de un proceso de acompañamiento a las instituciones a desarrollarse desde este año.
d. En consecuencia, se propone prorrogar la acreditación alcanzada por aquellas instituciones que debieran iniciar el segundo proceso de acreditación en los años 2004 y 2005, hasta el inicio del nuevo proceso, a mediados del 2006.
Sumándose a las acciones enmarcadas en el Plan Nacional, el Programa de Renovación Pedagógica centrará su trabajo en las instituciones y procurará abordar los procesos de la formación, desarrollando acciones específicas para los docentes y los estudiantes. El Programa prevé también el apoyo del Ministerio Nacional mediante la instalación y la actualización de equipamiento, materiales y recursos en los IFD.
El Programa involucrará inicialmente a 200 IFD públicos del país, seleccionados por las Provincias a partir de una serie de criterios formulados con la Nación[17], que encabecen iniciativas que progresivamente involucren a otras instituciones.
Las líneas de acción de este Programa, abordarán tres aspectos fundamentales de la formación: la perspectiva curricular, el desarrollo institucional y los sujetos de la formación.
§ Promover la incorporación sistemática de perspectivas y contenidos ligados a las transformaciones del mundo contemporáneo en la curricula de la formación docente
El reconocimiento de la responsabilidad de los docentes como agentes de la transmisión cultural y la distribución social del conocimiento, que deben comprender y operar reflexivamente sobre el mundo, hace preciso que consideremos la importancia de esta dimensión en la formación de los estudiantes, promoviendo en ellos la asunción de una posición activa dentro de las tramas políticas y culturales propias de la sociedad a la que pertenecen. Esta posición debe estar anclada en el reconocimiento de la complejidad de cada contexto particular y en las distintas dimensiones que atraviesan el trabajo pedagógico en el mundo contemporáneo.
La propuesta se centrará en la revisión curricular del eje Mundo Contemporáneo incluido en los Contenidos Básicos Comunes de la Formación Docente, cuya incorporación efectiva en la mayoría de los diseños curriculares resultó difusa, dado su carácter de eje transversal.
§ Profundizar el abordaje de la temática de la alfabetización en la formación inicial
Se procurará la revisión e inclusión de las perspectivas en torno a la alfabetización inicial y avanzada en el marco de la formación docente[18]. Dadas las transformaciones y la creciente complejidad del conocimiento contemporáneo, los procesos de adquisición y producción de la lectura y escritura asumen centralidad en la formación inicial de maestros y profesores. La formación docente requiere una revisión específica de estos tópicos para lograr su incorporación sistemática y efectiva en las propuestas de formación de los futuros docentes. Asimismo, la temática de la alfabetización se desarrollará desde la perspectiva de las “nuevas alfabetizaciones” mediante un tratamiento diferenciado para las carreras que forman docentes de nivel inicial, EGB y para los profesorados destinados a la formación de profesores para el Polimodal.
§ Posgrados
En una primera etapa, el Programa brindará oportunidades de cursar posgrados destinados a 1.500 profesores de los IFD que dictarán las Universidades en las siguientes temáticas: Pedagogía de la Formación, Nuevas Infancias y Juventudes, Investigación Educativa y Educación Básica. Los mismos se desarrollarán en el marco de un acuerdo de trabajo entre la Dirección Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente y la Secretaría de Políticas Universitarias. Durante el segundo semestre del 2004 el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación realizará la convocatoria pública a las Universidades para la presentación de proyectos de posgrados, y la primera cohorte cursará dichos posgrados en el año 2005. A su vez, en el transcurso de dicho año se abrirá una nueva convocatoria para la presentación de proyectos de posgrados centrados en la temática “Curriculum y Didáctica” y progresivamente se plantearán nuevos tópicos para cada año, ampliando las vacantes para los profesores de los IFD.
§ Seminarios de formación para los profesores
Por otra parte, se desarrollarán para los profesores seminarios nacionales y regionales para renovar los enfoques y los debates en torno a la formación de docentes. Estas propuestas de formación tendrán un cupo en el que se dará prioridad a los profesores de estas 200 instituciones y quedarán disponibles una serie de vacantes para los institutos restantes (este criterio será compartido también para las propuestas de posgrados, señaladas en el apartado anterior)
§ Promoción de pasantías y experiencias de intercambio para profesores
Se impulsarán experiencias de intercambio académico y profesional para profesores de distintas provincias y regiones que permitan enriquecer la mirada sobre las instituciones de formación docente y su sentido en distintos contextos locales.
§ Instrumentación de un plan de becas para estudiantes de la Formación Docente
Se otorgarán 1.500 becas anuales en el período 2004-2007 para estudiantes con buenos antecedentes académicos que se inscriban en las carreras que cada año resulten prorizadas y que se cursen en los institutos pertenecientes al Programa.
§ Implementación de un sistema de tutorías
Un sistema de tutores conformado por profesores de las instituciones participantes permitirá ofrecer a los becarios y a otros estudiantes que se sumen a la propuesta, el acompañamiento y la orientación necesarios para el desarrollo de la potencialidad formativa de las distintas iniciativas que serán impulsadas desde el Programa.
El equipo de tutores permitirá garantizar una interlocución permanente, de modo de poder responder a las dinámicas concretas de cada institución, contribuyendo a potenciar y enriquecer su propuesta pedagógica y de formación.
El tutor acompañará al becario, orientándolo en el diseño y el desarrollo de su trayecto de formación, en función de las líneas de trabajo que hemos previsto para los próximos años. Cada una de estas líneas demandará del tutor una colaboración específica, para la que deberá tener en cuenta no sólo las necesidades formativas de los becarios, sino también los propósitos más amplios que vinculan cada propuesta con el fortalecimiento y la renovación de las prácticas pedagógicas en las instituciones de formación docente.
§ Viajes de intercambio
Se promoverán experiencias de intercambio entre estudiantes de distintos institutos, que les permitan conocer situaciones y realidades de otras regiones del país, contribuyendo a construir un mapa pedagógico diverso y a configurar una identidad docente arraigada en el diálogo entre lo local y lo nacional.
§ Participación en proyectos socio-comunitarios
Siendo la tarea docente una práctica compleja que ocurre siempre en contexto, se considerará esta dimensión en la propuesta de formación a través de la generación de espacios de intercambio y de intervención con participación de los estudiantes, que impliquen compromisos de las instituciones con sus entornos sociales y culturales. Esta línea se articulará con otras acciones enmarcadas en el Plan Nacional para la Formación Docente.
§ Proyectos de articulación con las instituciones escolares
Tal como ha sido señalado, se promoverá la articulación de la formación docente con los sistemas educativos y con los contextos comunitarios locales. Entre otras acciones, se generarán espacios que permitan inscribir las experiencias formativas de los estudiantes en las condiciones concretas de la práctica docente desde el comienzo de la formación; y se coordinarán estrategias de cooperación de las instituciones con las escuelas de nivel medio y con aquellas pertenecientes al Programa Integral para la Igualdad Educativa (PIIE).
Aportes para el desarrollo institucional
§ Creación de Centros de Recursos Pedagógicos
El programa contempla la creación de Centros de Recursos Pedagógicos y el apoyo a los centros que ya tuvieran las instituciones que participan del Programa. Esto incluirá la instalación de nuevas aulas de informática, la dotación de conectividad y la ampliación de los volúmenes de bibliotecas y videotecas, procurando actualizar y enriquecer los recursos tecnológicos y los materiales disponibles en las instituciones para la formación inicial y el desarrollo profesional docente.
§ Promoción de acciones específicas de desarrollo de la lectura y la escritura de experiencias pedagógicas
Esta línea de trabajo tendrá como objetivo propiciar una cultura de trabajo docente que fomente el intercambio entre pares y el debate pedagógico. Los profesores y los estudiantes, desde sus distintas posiciones como sujetos de la formación, contarán con ámbitos para la escritura y el trabajo colectivo en los que se produzcan y divulguen relatos de experiencias pedagógicas y de formación valiosas. Esta línea procurará recuperar las experiencias que ya se desarrollan en esta dirección en múltiples instituciones del país.
§ Construcción de proyectos de investigación articulados entre IFD y Universidades
El Programa propone coordinar esfuerzos e iniciativas entre el conjunto de las instituciones superiores del país, a través del intercambio de información, la articulación entre las instituciones y la cooperación en proyectos específicos.
La Secretaría de Ciencia y Técnica (SECyT), junto con la Dirección Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente, efectuará un llamado anual para la presentación de proyectos de investigación para la obtención de subsidios a equipos de investigación de conformación mixta (con miembros de instituciones de reconocida trayectoria en la investigación-Universidades y/o Centros Académicos- y miembros de IFD) que, durante un año, y con posibilidades de renovación por un año mas, se propongan trabajar sobre las problemáticas más acuciantes que los sistemas educativos presentan actualmente en cada región.
C. POLÍTICAS PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL DOCENTE
La política de desarrollo profesional docente que aquí proponemos quiere situarse,
al igual que la referida a la formación inicial, en la necesidad de reconocer la crisis que nos atraviesa,
pero también la decisión de persistir en imaginar un mejor futuro juntos.
La formación inicial y el desarrollo profesional de los docentes constituye un eje estratégico dentro
de las políticas educativas de este Ministerio por su implicancia para el conjunto del sistema educativo.
Se sustenta en el convencimiento de que la tarea del docente resulta el factor de mayor incidencia en
la transmisión y producción de cultura, en la recuperación de la tarea pedagógica en la escuela y
en la promoción de procesos de mejoramiento de la experiencia escolar de niños y jóvenes.
La formación continua de maestros y profesores requiere encuadrarse en una política docente que
comprenda los múltiples aspectos que configuran la posición profesional: el rediseño de la carrera
docente y en algunos casos, del propio puesto de trabajo, los salarios, los mecanismos de
reconocimiento profesional, entre otros.
Existe consenso generalizado en torno de la necesidad de producir cambios en este sentido.
El tratamiento de los aspectos anteriormente mencionados precisa del estudio de las alternativas